La leyenda de la Maltos

¿Alguna vez has escuchado la leyenda de la bruja La Maltos?

En definitiva, esta es una de las leyendas más populares de la capital potosina que hasta el día de hoy sigue viva.

Por allá del siglo XVII vivió en SLP el señor Diego de Malto, nombrado alcalde de la zona de Santiago del Rio.

Su descendencia fueron 17 hijas, todas mujeres; sin embargo todas las propiedades del hombre quedaron a nombre de María Ignacia Martínez del Malto.

Desde ese momento, empezaron a correr los rumores de que María practicaba las artes obscuras y así había convencido a su padre de dejarle toda su herencia.

Sea como sea, María se convirtió en una de las mujeres más poderosas del estado obteniendo un lugar en la sociedad potosina.

Además, la mujer destacaba por su belleza y un importante puesto dentro de la Inquisición.

Cuenta la leyenda que en esos tiempos existía el toque de queda en la capital potosina, pero para La Maltos no.

A altas horas de la noche la mujer salía en una carreta conducida por dos caballos negros. El rechinado sobre las aristas de las calles y el respirar frenético de los caballos helaban la piel.

Ella residía en lo que ahora se conoce como los Arcos Ipiña, lugar que era prestado para que la Inquisición pudiera realizar sus horribles oficios.

Ahí era donde se dice La Maltos aprovechaba para realizar sus poderosos conjuros que implicaba terminar con la vida de personas.

Se dice que fueron 30 personas, casi todos funcionarios de gobierno, los que La Maltos asesinó con los años.

Sin embargo la cifra podría ser mucho mayor; gracias a su puesto en la Inquisición, la mujer ejecutaba a condenados que a veces ella misma acusaba.

El fin de la bruja

Un día sin darse cuenta de las repercusiones que tendría, La Maltos asesinó a dos personas que pertenecían a una de las familias más poderosas de la ciudad.

Después de eso, sus asesinatos ya no fueron tolerados por las autoridades y fue condenada a muerte.

Como último deseo, María pidió que se le dejara dibujar en la pared de su morada un recuerdo de su vida.

El deseo le fue concedido y enfrente de diversas autoridades, se dejó a la mujer pintar en su habitación.

La Maltos comenzó a dibujar una carreta con caballos negros, igual a la que usaba para recorrer las frías noches de SLP.

Pero una vez terminado, la gente quedó horrorizada al ver que poco a poca aquel dibujo cobraba vida y se salía de la pared.

La Maltos aprovechó el descuido de la gente y se subió al carruaje que poco a poco se volvió a incorporar a la pared.

A través de la pintura, el carruaje avanzó hasta perderse en el horizonte con La Maltos dentro, despidiéndose con una horrible risa.

Algunos autores aseguran que La Maltos siempre reconoció su maldad y las culpas que sobre ella corrían, por eso nunca juro venganza contra nadie más, siendo esta la última vez que se vió.

Desde ese momento, la gente cuenta que en el edificio Ipiña empezaron a suceder cosas paranormales, quizá producto de los espíritus torturados y sacrificados en la Inquisición o por La Maltos.

Aún en la actualidad, en el edificio de los Arcos Ipiña, en la esquina de Carranza y zona centro se encuentra un letrero con el nombre de Calle Maltos.

Con información de: metropoli san luis

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