La Loca Zulley leyenda potosina

Aprovechando las fechas, es momento de hablar de una de las leyendas más famosas pero tristes de SLP.

Se trata de La Loca Zulley, una historia donde el misterio y las preguntas le robaron la cordura a una mujer.

Cuenta la leyenda que Claudia Zulley era de una buena y acomodada familia cuyo padre y hermano mayor fallecieron cuando ella era niña.

Sin embargo, con la compañía de su madre y hermana menor, Claudia fue una joven muy alegre a la que le gustaba usar vestidos elegantes y sombreros que resaltaban su innegable belleza.

Aún siendo joven, Claudia conocería a su primer y único amor, Rodolfo.

Los jóvenes iniciaron un apasionado romance que duro varios años, hasta que Rodolfo decidió proponerle matrimonio a Zulley.

Con el amor inquebrantable por delante, decidieron fijar una fecha para la boda y Rodolfo le entregó a su amada un anillo de oro blanco engarzado con una acerina negra que había pertenecido a su abuela.

Al momento de entregarle la sortija, Rodolfo le pidió que lo amara por siempre sin importar lo que sucediera.

La boda

Meses después, el día de la boda en el Tempo de San Miguelito, Rodolfo nunca llegó.

Desde ese momento los rumores sobre la muerte de Rodolfo comenzaron a rondar entre los pobladores.

Sin embargo la mayoría decía que simplemente había huido del compromiso. La realidad es que nadie sabía ni supo qué sucedió con el hombre que juró amor a Claudia para luego dejarla plantada en el altar.

Pero eso no impidió que Claudia cumpliera su promesa, los días pasaron y ella esperó y esperó a su amado Rodolfo, asegurándole a la gente que éste volvería y serían felices para siempre.

Poco a poco la realidad abandonó la mente de Claudia, dejándola estancada en una eterna espera por su amado.

Solía ponerse su vestido de novia y salir al jardín de San Miguelito o a la Plaza de Armas a esperar la llegada inesperada de Rodolfo, a quien muchas veces vio reflejado en el rostro de algún otro hombre.

Cuando esto sucedía, la emoción no se hacía esperar y las palabras de júbilo salían una tras otra de la boca de Claudia, pensando que por fin podría casarse con el amor de su vida.

Así, sumida en una terrible tristeza o persiguiendo hombres confundidos, seguiría la vida de quien entonces llamaban La Loca Zulley.

Se dice que cuando Claudia murió, fue enterrada en el panteón del Tecuán, detrás del Templo de San Miguelito, permaneciendo allí hasta que ambos fueran sustituidos por la escuela Manuel José Othón.

Además la gente asegura que en los restos del panteón fue encontrado el anillo que Rodolfo le entregó a Claudia.

La gente perturbada por el fin de la bella joven, le ofreció la argolla a la Virgen de la Soledad que ahora lo porta en su mano izquierda.

Con info de: Agenda San Luis

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